Rajon Rondo despierta admiración. Su juego, elegante, parece formar parte de otra época y lugar. Es básquetbol de galera y bastón, sin roces, con armas que apuntan sólo al manejo de tiempos. Un mago que seduce con una mano y ejecuta con la otra, en un truco que se presenta infinito.
Rondo pertenece a la raza de jugadores nacidos para acumular responsabilidades. Desde hace años es un reloj disfrazado de jugador de básquetbol, que no necesita de anotaciones maravillosas ni piruetas escandalosas para cumplir sus objetivos. Mejora cuando crece el resto. Mientras está en cancha, es el mundo según la directriz que se desprende de sus manos. Sin interferencias: regula la energía de sus compañeros y ejerce el rol de líder en los dos costados de la cancha.
El juego de equipo está en su ADN. Ordena, asiste, toma rebotes y anota puntos cuando ya no queda otra cosa por hacer. Sin embargo...

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